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1 de Abril de 1997

La gente me mira mal

Y es que sólo a mí se me ocurre ir diciendo por ahí que soy de derechas. Un insolidario, amigo de los ricos, pisoteador de los desfavorecidos, egoísta, explotador... La cantidad de tópicos que tiene mucha gente para defenderse de ideas distintas a las suyas es de lo más amplio, y de lo más estúpido. Pero siempre es difícil deshacerse de consignas e intentar un debate algo más profundo.

Me considero culpable de observar el fracaso de la izquierda que defiende el comunismo. Culpable de observar el hambre y la devastación que han dejado tras de sí los regímenes del terror. Culpable de ver cómo el socialismo arrasaba con la caja de todos los países donde llegaba al gobierno. Hasta en el único gobierno socialdemócrata (que no socialista) respetable, el sueco, han terminado por seguir ese camino..

Estoy completamente de acuerdo con la cita que encabezaba el editorial del pasado número. Un sistema, por sí solo, no puede traer la utopía. Antes las personas deben cambiar. Resulta curioso observar como la biolka, la poca tierra que dejaba el estado ruso para provecho personal, tenía un rendimiento más que notablemente superior que la trabajada para la comunidad.

Un sistema que no cuenta con los defectos de las personas no puede funcionar. Por eso defiendo un sistema que, si bien ni siquiera pretende la alegría eterna que nos prometen otros, al menos ha demostrado que es el mejor para ir tirando.

¿Qué deberíamos desear algo mejor? Desde luego. ¿Qué la izquierda tradicional no es capaz de damos esa mejora? Resulta claro también. La izquierda necesita un cambio profundo para poder llegar a eso. Pero en un país donde unos tienen a un estalinista como líder y los otros son incapaces de vivir sin el chorizo mayor del reino, resulta complicado que esto suceda. No supieron reaccionar a la caída del muro y siguen sin saber hacerlo.

Desgraciadamente esta falta de renovación es un problema a nivel mundial y la derecha se está quedan- do sin su necesario rival. Y con ello corre el peligro de caer desde el liberalismo a ese ultra, post o cómo se quiera llamar al sucedáneo de liberalismo que han padecido en Ecuador. La falta de alternativa, de competencia, es el mayor enemigo de la derecha moderna en todos los terrenos.

Habrá que seguir esperando. Quizá algún cambio en el futuro, de tipo tecnológico o científico, permita discurrir alguna otra manera más realista de llegar a la utopía. Pero seguir pensando que la izquierda lo va lograr no deja de ser perseguir una quimera.

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