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27 de Noviembre de 2000

Infiel

Es, cuando menos, curioso, que una película tan admirable como ésta no obtuviera ningún premio en Cannes. Cosas que pasan. "Infiel" comienza con un viejo escritor, alter ego de Bergman, que reclama de su musa Marianne que le cuente una historia; la historia de una infidelidad, la suya con David. Poco a poco vemos que ese David es el mismo escritor, que es la historia de una infidelidad que él mismo vivió, pero vista desde la mirada de ella.

Vemos como lo que comienza casi como un juego, termina convirtiéndose en algo incontrolable, arrastrando a los tres protagonistas del triángulo amoroso (David, Marianne y su esposo Markus) y al espectador inocente de todos estos casos, la hija del matrimonio, a la infelicidad más absoluta. Todo transcurre de la manera más lógica, comprensible y realista, contada con ese modo tranquilo que caracteriza a los mejores cineastas europeos, donde los actores, cuando hablan, hablan; no comen, lavan los platos o se rascan la nariz mientras dicen sus diálogos. Siempre estás pendiente de su rostro. Y a pesar esa dificultad añadida están todos excelentes, especialmente Lena Endre, Marianne, cuyo parecido con el aspecto que tendrá Calista Flockhart -Ally McBeal- dentro de unos años es bastante sorprendente.

Resulta especialmente interesante la idea de presentar la historia a través de ese extraño flashback literario, resuelto con una puesta en escena de Liv Ullman de una habilidad notable. Mejora Bergman en manos de esta directora, antaño actriz suya y quizá también parte del extenso repertorio sentimental de este octogenario, cuya pluma se muestra más ágil que nunca. Y magníficas las profundas lecciones que encierra; quizá no enseñe cómo vivir, pero sí como no hacerlo. Y nos recuerda el por qué del compromiso, en esta época en que esta palabra parece tan estúpidamente devaluada por nuestra cultura, tan progresista ella.

A todo esto le negó Cannes cualquier premio, ni siquiera un mísero premio especial del jurado. Claro que tampoco los Oscar le reconocieron muchos méritos a "Una historia verdadera". Pero por lo menos los americanos son más sinceros y reconocen que sus premios son principalmente un espectáculo y no se las dan tan de intelectuales como otros que yo me sé.

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