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23 de Noviembre de 2003

El linchamiento de Janice Brown

En Estados Unidos, los altos cargos de la judicatura a nivel federal son propuestos por el Ejecutivo para pasar a ser examinados por un Comité del Senado. Desde que se echara abajo la candidatura de Robert Bork en 1987, este comité viene siendo empleando por la izquierda para evitar que jueces que no tienen un currículum intachable de uso alternativo del derecho puedan llegar al Supremo o, como en este caso, a la Corte Federal de Apelaciones. Para ello bloquean las votaciones, algo para lo que se necesitan 40 de los 100 senadores, sin arriesgarse a un voto que previsiblemente perderían.

La juez Janice Rogers Brown viene de California, donde ejerce en el Tribunal Supremo de ese estado. Es negra y extremadamente liberal, algo que irrita a muchos demócratas, que piensan que los negros sólo tienen derecho a tener éxito si son de su cuerda y se aprovechan la discriminación positiva que propugnan. Este tribunal, recientemente, desestimó un recurso contra la decisión del ayuntamiento de San Francisco de poner una tasa desorbitada a quienes desearan convertir sus hoteles residenciales en hoteles para turistas. En su voto particular, Brown escribió que "la propiedad privada, que ya es una especie en peligro en California, está completamente extinta en San Francisco". La ciudad se ha convertido en un "régimen neo-feudal". Y que "convertir una democracia en cleptocracia no aumenta la estatura de los ladrones; sólo disminuye la legitimidad del gobierno. El libre uso de la propiedad es tan importante como la libre expresión, la libertad de prensa o la libertad religiosa."

La excusa para bloquear esta elección es indicar que sus opiniones políticas son "extremistas" y que no pueden representar adecuadamente a los norteamericanos. Pero un juez, en un Estado que cuente con división de poderes, debe aplicar la ley; son los legisladores los que reflejan sus ideas políticas en la ley. Janice Brown lo tiene claro; escribió en un voto particular que "el deseo de ser bueno, universalmente justo y hacer a todos felices es comprensible. Pero tiene un problema. Somos un juzgado". Posiblemente, quienes no lo tienen tan claro son sus colegas socialistas; los demócratas son en Estados Unidos tan amigos del activismo judicial como los "Jueces por la Democracia" del uso alternativo, léase ilegal, del derecho.

En su día, Robert Bork fue rechazado, entre otras cosas, por sus ideas antiabortistas. El Senador Edward Kennedy llegó a decir que en la América de Bork, "las mujeres se verían forzadas a abortar en oscuros callejones". Sin embargo, la oposición de Bork al caso Roe vs. Wade, que dio a las mujeres el derecho a abortar en todo el país, se basó en que la decisión era "una seria e injustificable usurpación de la autoridad del poder legislativo de cada estado". Su postura no se basó en sus ideas, sino en la ley.

En un editorial lamentable, el New York Times declaraba a Brown fuera del "discurso dominante". Lo curioso es que las opiniones de la juez que declara inadmisibles este diario son la oposición al aborto por nacimiento parcial (que comparte el 70% de los useños), la defensa de la pena de muerte (70%), la oposición al matrimonio homosexual (60%) o la oposición a la discriminación "positiva" basada en la raza. Como indicó Ann Coulter, para este periódico "el discurso dominante" está más en Francia que en Estados Unidos. Incluso en la muy socialista California, su candidatura al Tribunal Supremo fue apoyada por el 75% de los electores.

El mayor peligro que ven los demócratas en Janice Brown es que es negra, hija de un aparcero, que se ha ganado su puesto actual por su inteligencia y esfuerzo; sin deber nada a quienes aseguran que las minorías sólo pueden prosperar si ellos les ayudan destruyendo el principio de igualdad ante la ley. Por eso se opusieron a Clarence Thomas, lograron que Miguel Estrada no fuera el primer hispano en la Corte Federal de Apelaciones y ahora quieren impedir que Brown tome decisiones aplicando la ley y la Constitución.

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