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11 de Enero de 2002

Harry Potter y la piedra filosofal

"Harry Potter y la piedra filosofal" es la demostración de que las adaptaciones literarias son el mejor seguro de vida a la hora de embarcarse en un proyecto en el que los efectos especiales jueguen un papel importante. En la literatura, crear un ajedrez en el que las fichas cobra vida para moverse y destrozarse entre sí no es más costoso que darle una frase a un personaje. Y eso, quiérase o no, al trasladarlo a la pantalla se nota, pues la mayoría de cineastas terminan concediendo más importancia al técnico de efectos especiales que al guionista. Lo mejor que se puede decir de esta película es que en esta ocasión nos hemos librado de ese defecto.

No creo que sea cuestión de resumir aquí el argumento, puesto que la historia del niño que repentinamente se descubre como mago es bien conocida por todos. Conviene recalcar, eso sí, que la película ha trasladado el libro con casi absoluta fidelidad. De ahí que dure dos horas y media. Del mismo modo que la historia cautivó impresa, lo hace en el celuloide. No obstante, cabía desear una adaptación más cinematográfica, en la que se redujeran situaciones y personajes y se informara también a través de la imagen, y no sólo con el diálogo. No obstante, comprendo que no lo hayan hecho así. El enorme éxito de la serie de libros de Harry Potter ha conseguido que todo el mundo tenga formada en su cabeza una imagen tan exacta de la historia y los personajes que hubiera sido difícil modificarla con éxito. Pero uno queda con la sensación de que, intentando abarcarlo todo, no han logrado tratar nada con profundidad.

Quizá la diferencia más importante entre ambas es el enfoque. En el libro, lo que verdaderamente interesaba era el esfuerzo de Potter por permanecer en la escuela e integrarse entre los demás niños, de ahí que lo crucial del mismo eran sus victorias en el Quidditch, los puntos que ganaba o perdía para su casa, los exámenes, etc.. La trama detectivesca sobre Lord Voldemort era secundaria. En la película cobra el primer plano, eliminando casi por completo esa ansiedad por la permanencia en ese nuevo mundo que caracterizaba el personaje de Potter. Eso provoca que buena parte del interés de la trama se pierda si no has leído el libro, pero no creo que haya mucho público en esa situación.

Tanto los actores infantiles como los mayores lo hacen bien. Hay que reconocer un trabajo de casting excelente, pues resultaba necesario que los actores se parecieran a los personajes que todos tenemos en mente. Mención especial para Alan Rickman como Snape entre los mayores (este actor es posiblemente el mejor malo que haya dado el cine) y Emma Watson como la sabionda Hermione entre los pequeños. Daniel Radcliffe está correcto como Potter, pero no es un personaje que permita grandes logros.

En resumen, la película es correcta y está bien hecha, pero carece de sorpresas y, casi diría, de magia. Nada que no pudiera esperarse de Columbus, director mediocre donde los haya. Claro que esto puede provocar un efecto extraño. ¡Puede darse el caso de que los niños prefieran libro a la película! Nunca agradeceremos lo suficiente a J. K. Rowling la consecución de semejante milagro. Y ahora, a esperar al señor de los anillos.

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