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10 de Febrero de 2001

Software libre

En las universidades y bibliotecas ya no se puede leer. Disponibles ya sólo en terminales informáticas, los libros y artículos son controlados por una asociación de editores que controlan qué se lee y qué no se lee. Los lectores tienen la obligación de pagar a dicha asociación una tasa para poder tener derecho a leer, que no poseer, cualquier escrito. Volver a leer cualquier cosa obliga a volver a pagar.

Esta fantasía, base de un pequeño relato denominado "Derecho a leer", de Richard Stallman, nos pone frente a un futuro poco probable, pero no imposible, de control de la información en manos de unos pocos. En nuestra nueva sociedad, controlar la información es controlar el dinero. Aunque en los Estados Unidos se hayan dado algunos pasos en esa dirección, parece poco probable que se llegue a ello. Sin embargo, hay un campo de la ciencia y la tecnología donde ese problema ya se da. Es, por supuesto, la informática.

Ese pequeño recuadro que aparece siempre que instalamos un programa, denominado licencia, resulta muy instructivo. Nadie lo lee nunca, por supuesto. Pero hacerlo alguna vez no puede proporcionar un poco de vigor a nuestros cabellos, que se apresurarán en ponerse en punta. Al comprar un programa, en realidad no lo poseemos, estamos comprando una licencia de uso. Una licencia que la compañía de software puede revocar. Tampoco se garantiza que el programa no haga estallar su ordenador, ni que funcione y haga aquello para lo que hemos pagado. Tampoco podemos instalar ese programa en más de un ordenador. ¿Curioso, no? Antes era incluso peor. Las licencias te prohíbian explicar a un colega cómo utilizar el programa, pues esto es misión del soporte técnico de la empresa que lo desarrolló... y que se cobra aparte.

Sin embargo, existe una alternativa, es el llamado software libre, o programas de código abierto. El caso más conocido de este tipo de software es el sistema operativo Linux. Estos programas pueden ser copiados sin freno e incluso pueden ser modificados por los usuarios, siempre que éstos sepan programar, claro.

Todo comenzó a mediados de los ochenta, cuando Richard Stallman escribió el manifiesto GNU. GNU es un juego de palabras que significa "GNU's Not Unix", un acrónimo recursivo, un chiste de informáticos, vamos. Ese manifiesto ponía en evidencia la necesidad de que el software fuese de libre distribución, no un producto comercial y cerrado, y creó una licencia para lograrlo llamada GPL. Los programas sujetos a esta licencia se distribuyen en forma de código fuente, es decir, tienen disponibles todas las "tripas" de los programas, de modo que cualquiera puede ver cómo están hechos y puede realizar modificaciones. Eso sí, se obliga a que dichas modificaciones estén también bajo la misma licencia GPL, de modo que no se puedan crear programas comerciales a partir de desarrollos libres.

Tras la publicación de estas ideas y de la licencia, en la segunda mitad de los años ochenta se empezaron a crear herramientas de código abierto como Emacs (un editor de texto orientado a la programación) y gcc (un compilador de C). Estos programas estaban disponibles para diversas variantes del sistema operativo Unix, el sistema operativo profesional por excelencia entonces y ahora. Sin embargo, todas esas variantes eran comerciales, de modo que incluso los más acérrimos defensores del software libre se veían obligados a utilizar herramientas comerciales. A pesar de algunos intentos de relativo éxito, no se creía que se pudiera crear nada tan complejo como un sistema operativo siguiendo la licencia y los métodos del software libre.

Entonces, en 1991, un joven estudiante finlandés llamado Linus Torvalds envió un mensaje a un foro de discusión en Internet. Un mensaje que ha supuesto un verdadero documento histórico en la pequeña historia de la Informática. En él decía que había escrito una pequeña variante de Unix llamda Linux y pedía ayuda para desarrollarlo más. Casi diez años después de ese mensaje, un sistema operativo creada por programadores en su tiempo libre se ha convertido en la única alternativa viable a Microsoft, por encima de las soluciones comerciales de empresas tan grandes como IBM, Sun o HP.

La primera pregunta que a uno le viene a la mente cuando se le cuenta esto es: ¿cómo es posible? ¿Cómo puede ser que un grupo de miles de informáticos, sin casi organización jerárquica, comunicados entre sí sólo por Internet, pueda hacer un producto de mayor calidad en casi todos los aspectos a un producto hecho por una empresa seria y competente? Porque, sencillamente, miles de ojos ven y corrigen muchos más defectos que una docena escasa de ellos. Lo que nos lleva a la pregunta verdaderamente crucial: ¿qué lleva a un informático a formar parte de un proyecto de software libre?

Hay varias razones para que informático colabore en un proyecto GNU en su tiempo libre. La primera es la ideológica, la del que cree en el software libre como solución a muchos problemas. La segunda es muy humana, la necesidad de reconocimiento. Todos queremos ser competentes en nuestro trabajo, y que se nos reconozca por ello. Y entre las alabanzas las que más se aprecian son aquellas que provienen de profesionales de tu mismo campo, que son los que entienden. En los informáticos estos es mucho más acusado. Somos bichos raros, admitámoslo. Y si bien es relativamente sencillo apreciar la capacidad profesional de un periodista o un médico, por ejemplo, sin ser periodísta ni médico, comprender el mérito de un informático sin serlo es tarea casi imposible. Y la mayoría de los profesionales conocidos y admirados en el mundo entero por sus pares son los nombres relacionados con el software libre: Richard Stallman, Linus Torvalds, Eric Raymond, Alan Cox, Miguel de Icaza, Larry Wall, James Clark, etc..

Este modelo está viviendo una época de cambios. Desde que Netscape decidiera abrir el código de su navegador han sido muchas las empresas que han visto en este modelo la mejor alternativa para crecer. Algunos proyectos no han aguantado esa entrada de empresas, pues a nadie le hace gracia que otros ganen dinero con tu trabajo. Otros, sin embargo, han nacido de la nada gracias a ello, como la suite ofimática Star Office, que Sun decidió convertir en software libre. Otros han mejorado mucho, como el mismo Linux.

El que Microsoft dedique páginas web a intentar ridiculizar Linux demuestra que lo teme. Y el hecho de que planee para su próxima versión de Windows una licencia que impedirá, no ya que una misma copia se instale en varios ordenadores, sino que sólo se pueda instalar en un mismo ordenador un máximo de dos veces, hacen prever un futuro con cada vez mayor presencia de Linux, Star Office, KDE, GNOME, Apache, Mozilla y otros tantos proyectos libres. Tan sólo queda esperar que nuestro gobierno, tan ahorrador él, se dé cuenta y empiece a sustituir sus inestables y caros Windows por gratuitos y fiables Linux. Cuando eso empiece a suceder a lo largo y ancho del planeta significará que en la Informática han triunfado la libertad y el voluntarismo. Es un comienzo.

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