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28 de Marzo de 2001

Tigre y dragón

Esta es una película a la que hay que ir con una actitud especial. Hay que procurar pensar poco, y dejarse llevar mucho. Si se logra, uno se sentirá maravillado ante una obra de arte realmente sorprendente. En caso contrario, estos luchadores que vuelan sólo lograrán provocar unas cuantas risitas.

"Tigre y dragón" presenta una excusa argumental bastante pobre: los deseos de Li Mubai por abandonar su vida de aventurero llevan a regalar su espada, un objeto mítico, a su antiguo protector. El robo de ésta llevará a Li y a su amor permanente e inconfeso, Shu Lien, de nuevo a la lucha. La mezcla de aventuras, acción y epatante filosofía oriental, que tan bien funcionó en "La guerra de las galaxias", regresa de nuevo.

Hay que reconocer que como película de aventuras resulta un tanto floja, debido a los baches en la historia - con mención especial al flashback que presenta la historia de amor de los personajes jóvenes - y que como historia de amor funciona a medias, pues mientras la de la pareja de Li y Shu resulta conmovedora, la segunda suena más a falso. Sin embargo, todo esto se olvida cuando se contempla el cautivante espectáculo diseñado por el coreógrafo Yuen Wo-Ping, el de Matrix. Pues más que con las películas de artes marciales de Hong Kong, convendría emparentar esta cinta con los viejos musicales; esas películas en las que, de repente, la gente se ponía a cantar. Aquí se golpean mientras vuelan por los tejados, o entre los árboles. En ambos casos absurdo, pero tan hermoso...

Resulta también sorprendente el papel predominante otorgado a las mujeres en esta película. Lejos de ser las comparsas que suelen tener que encarnar en la mayoría de las películas, no ya de acción, sino en casi todas, en esta ocasión son ellas las que llevan la voz - y el puño - cantante, pues la trama gira en torno suyo. No me negaréis que resulta un cambio agradable.

Parece que Ang Lee ha querido rendir un sentido homenaje a esas películas de Bruce Lee, Jackie Chan y compañía intentando elevarlo a la categoría de arte mayor, allí donde fracasó John Woo. Y en mi opinión, sin que vaya a considerarlo una obra maestra, lo ha conseguido. Que no es poco.

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