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Portada » Música » Obituario: Enrique Urquijo

20 de Noviembre de 1999

Obituario: Enrique Urquijo

"Tengo un carácter bastante depresivo y lo he utilizado mucho. Cuando estoy bien me apetece cualquier cosa menos sentarme a componer." (Enrique Urquijo)

Nos cuenta su manager que ha sido ese carácter depresivo el que ha terminado con él, abandonado, en un portal de Malasaña, como uno más de los antihéroes que protagonizaban sus canciones. Que últimamente estaba bastante bien, que incluso llevaba a su hija al colegio todos los días, pero que después de la entrega de los premios Amigo había vuelto a caer...

Siempre me ha parecido triste que escribamos sobre gente importante en nuestras vidas cuando se van. Pero lo hacemos porque es posiblemente la última ocasión que nos queda. Además, no creo que se pueda escribir mejor sobre Enrique que en estos momentos, cuando la pena planea más que nunca sobre su nombre.

Para que os voy a engañar, no tengo edad para ser un fan suyo desde sus inicios. Fue hace diez años cuando uno de mis hermanos se compró un par de discos de Los Secretos. Eran su directo y "La calle del Olvido". Para mí fue una revelación. Desde entonces sus melodías tristes han sido uno de los acompañamientos más constantes de mi vida. Esas canciones que siempre escuchas cuando una novia te deja o la vecina de enfrente no responde a tus miradas. Porque nadie como Enrique y Álvaro Urquijo han sabido poner letra y música a la soledad y al desamor, con ese tono country y esa voz desgarrada que fue el sello de su música desde que abandonaron el pop para quinceañeras que marcó sus inicios.

Después del baño de multitudes que supusieron sus primeros compases, su universal "Déjame", las nuevas modas, el techo pop de Mecano y sus variantes estuvo a punto de destruir aquel grupo. Eso, y las drogas y la muerte sucesiva de dos amigos, baterías del grupo. Pero después de tres años de silencio y de tocar fondo, ficharon a Ramón Arroyo (inseparable desde entonces) y Enrique empezó a contarnos que deseaba beber hasta perder el control, porque llovía en la calle pero la verdadera tormenta estaba en su corazón.

Nunca fueron un grupo que vendiera, al menos no el número de copias que consiguen esos grupos que se ponen de moda y desaparecen tres días después. Lo suyo era amor por la música, por su música. Un caso como el del bueno de Rosendo, gente que podrá tocar de forma diferente, pero siempre las mismas canciones. Gente que no arrastra multitudes pero que siempre está ahí, para cuando los necesites.

Éstos últimos años, Enrique había grabado un par de discos con Los Problemas, entre los cuales seguía estando Ramón y en los que hasta Álvaro colaboraba. Volvía para tocar, de forma distinta, algunas de sus viejas canciones y algunos de esos clásicos modernos ("María la portuguesa", "Solo pienso en tí"), que siempre sonaban distintos en su voz.

A pesar del evidente aspecto demacrado que mostraba desde hace algunos años, yo pensaba que ya había encontrado una nueva vida, que su carácter no le haría ya más daño. Pero, aunque sea el tópico de siempre, nos quedan sus canciones. Porque, aún cuando no las escuche, no hay un sólo día en que me sienta solo, y un poco más viejo, en que sus canciones no acudan a llenar ese vacío en mi corazón.

"No es ningún secreto que siempre me han gustado Los Secretos. Pero es que además me parecen ejemplares. Porque han sabido ser cada vez más ellos mismos en un país donde todo se trivializa, se maquilla, se disfraza; donde la mayoría de las canciones sirven para usar y tirar, donde la música popular de los últimos 15 años (ya lo dijo Groucho) ha ido pasando de la nada a la más absoluta de las miserias. Qué más puedo decir, que es un orgullo ser su amigo, que ha sido un honor compartir con ellos escenarios y risas y canciones a lo largo de tantos años, qué ojalá que tantos grupos que empiezan ahora, aprendieran de ellos el único secreto que atesoran los hermanos (mis hermanos) Urquijo: que la música, para ser de verdad, hay que hacerla con el corazón y no con la calculadora. Salud y larga vida, compañeros." (Joaquín Sabina)

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