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1 de Abril de 1995

Vietnam

Rash avanzaba lentamente, apartando con su cuchillo las ramas y arbustos que le cerraban el paso. Hacía el mínimo ruido posible, para no ser descubierto por las numerosas patrullas del Vietcong que vigilaban la zona. Hacía mucho calor. Notaba cómo gotas de sudor resbalaban por sus mejillas. Su estómago le gritaba y Rash no tenía nada con que acallarlo.

Le quedaba un par de horas de camino para llegar a territorio norteamericano. Atrás quedaban tres interminables días de marcha desde que el resto de su patrulla fuera exterminada en una escaramuza. Era el único superviviente de una misión suicida. Habían conseguido la información que necesitaban los altos mandos, pero ahora tan sólo él la conocía. Era vital que regresase vivo a la base.

Rash oyó voces a lo lejos. Frunció el ceño y se alejó silenciosamente del camino. Se ocultó tras unos matorrales y esperó. Era una patrulla enemiga. Debían de regresar de un combate, porque llevaban varios heridos en camillas improvisadas y algunos se sujetaban doloridos un brazo, una pierna o algún otro lugar sangrante de su cuerpo. No sintió compasión alguna por ellos. Habían matado a sus amigos, a sus compañeros. Deseó poder cargárselos a todos, pero sabía que era un suicidio. Esperó a que se marcharan.

Cinco minutos después de que el último soldado vietnamita hubiese pasado, Rash decidió salir de su escondite y reemprendió la marcha. Al poco de empezar a caminar, se encontró frente a frente con un soldado que se había quedado rezagado. Ambos se miraron, sin conseguir reaccionar. Rash se recobró primero de la sorpresa y levantó su fusil, disparando un solo tiro en la frente del otro. El soldado muerto le miraba desde el suelo con una estúpida cara de asombro. Rash comprendió que los otros debían haber oído el tiro y huyó rápidamente del lugar.

Corrió a toda la velocidad que le permitían sus cansadas piernas. Cinco minutos no eran mucha ventaja, pero aquellos soldados también debían de estar cansados. De repente, se paró. Aunque pudiese huir de aquella patrulla, seguramente habría más por la zona. Comprendió que de seguir corriendo sin tomar precauciones, lo más probable era que otros le encontraran. Estaba atrapado entre dos fuegos. Pensó que lo mejor sería ocultarse un par de horas, para asegurarse que habían abandonado su búsqueda. Salío de nuevo del camino y se ocultó.

Un cuarto de hora más tarde, escuchó los pequeños ruidos que hace un hombre que intenta avanzar con sigilo en la selva. Tenía el fusil preparado y el cuchillo en su mano. Poco después, apareció un soldado a pocos metros de él. Antes de que se éste se diera cuenta de lo que pasaba, Rash le cercenó la garganta con el cuchillo, y haciendo el mínimo ruido posible, lo depósito en el suelo, junto a él. Sin embargo, alguien debía de haber oído algo, pues escuchó unos pasos acercándose. Este llegó a verle y tuvo que dispararle un ráfaga para matarlo. Ahora todos los demás sabían su posición. Se levantó y corrió lo más deprisa que pudo, pero un certero disparo le perforó el hombro y cayó de bruces al suelo. Cuando levantó la mirada vió dos ojos furiosos detrás de un tercero metálico y frío. Comprendió que no le quedaba mucho tiempo de vida.

Un gritó se oyó en la selva. Dos segundos después, fue acallado por un disparo.

Roberto se quitó el casco y golpeó el ordenador, furioso. Ahora que casi había llegado al final... pero nada, que no había manera de terminarse aquel maldito juego. Los programadores estarán orgullosos. Roberto apagó el ordenador, dejando que las palabras 'Game Over' se desvanecieran lentamente en la pantalla.

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